5 cosas que me dejó la cuarentena.



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agaracoach
04 septiembre 20
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Esta semana se terminó la cuarentena estricta en Bogotá y pasamos a la fase de autocuidado y responsabilidad individual. En teoría podemos retomar nuestra vida “de antes” pero siguiendo estrictos protocolos y con muchas menos restricciones.

Pensar en este retorno a la “normalidad” me hizo cuestionarme sobre lo que se ha transformado en mí después de estos cinco meses. Y definitivamente hay cosas que quiero rescatar de este tiempo.

1. Dar el paso a la zona de crecimiento sin esperar a que te empujen.

Cuando te encuentras en una zona de confort, necesitas un impulso que te lleve a avanzar hacia la zona de crecimiento donde ocurre la magia de la transformación. Ese impulso muchas veces son tus motivadores personales, otras veces son el miedo o la necesidad. Esta pandemia me dio no sólo un impulso, sino un empujón inmisericorde, sin piedad ni consideraciones hacia ese cambio que había estado evitando: el mundo digital.

De un día para otro tuve que dejar la pereza a las fotos y las cámaras, a hablar de mi vida frente a muchas personas que ni conocía, a escribir de manera ordenada y con propósito sobre lo que pensaba. Me encontré aprendiendo de términos que ni imaginaba como segmentación, lanzamiento o SEO. Por primera vez en mi vida, las redes sociales no eran solo para entretenerse.

Y es que ese nuevo mundo no era algo que no me hubiese planteado antes, pero como todo funcionaba de maravilla, ¿para qué esforzarme en algo que no me resultaba entretenido?

Y precisamente por eso, me tocó hacerlo con mayor esfuerzo. Contra el tiempo y de manera intensiva. Y definitivamente, así, dar ese paso hacia la zona de crecimiento es más complejo, te consume más de tus recursos internos (y hasta físicos), y energía.

Me quedo con dejar la pereza, avanzar porque quiero y no porque me toca. No quiero esperar a una nueva condición externa que me obligue para ir más allá. Entendí que si lo decido yo, lo planifico y lo ejecuto como yo lo quiero hacer. Asumir la responsabilidad de mi transformación es todo lo que necesito.

2. Necesito mucho menos de lo que pensaba.

Llevo 5 meses sin cortarme el pelo ni hacerme las uñas en la peluquería. No compré ni siquiera unas medias, ni salí a comer fuera todos los fines de semana. Estoy haciendo mercado solo con lo que dice la lista, sin recorrer los pasillos “para ver que se me antoja”. Cambié algunas marcas con tal de evitar ir a varios lugares a conseguir cada cosa. Lo que para nosotros como familia era tan normal que lo hacíamos hasta en automático, resultó no ser indispensable. Y la verdad no siento que hayamos perdido nada.

Esto me ha puesto a reflexionar sobre mis hábitos de consumo, y sobre como re organizar tanto el presupuesto familiar como el tiempo que dedicábamos a esas actividades.

Pero lo mejor de todo ha sido sentirme más libre, sin ataduras a cosas que antes daba por sentado que tenían que estar en mi vida. No sé si esto sea el camino que otros llaman “volver a lo simple”, pero para mi definitivamente es un avance hacia una vida con más conciencia de lo verdaderamente esencial. Es aprender a diferenciar entre una verdadera necesidad y un gusto, que por repetición, pierde la sensación de sorpresa y novedad que lo hacía inicialmente especial.

3. Seguir siempre mi intuición.

Hace 15 años, cuando salía de un turno de 24 horas en urgencias, infinitamente cansada y sin ganas de nada, a dormir mal unas horas, intentar tener una vida en el tiempo restante, y luego seguir trabajando, empecé a sentir que estaba en el lugar equivocado. Mi intuición me decía que aunque amara mi carrera, esa no era la vida que quería vivir.

Y a pesar de las críticas de muchos, a pesar de no ser una decisión fácil, a pesar de la incertidumbre, seguí esa intuición y cambié mi destino. Hoy me siento feliz y satisfecha y absolutamente en paz con mi decisión.

Sin embargo no dejo de pensar en mis colegas. Cada día pido a Dios que los guarde. No alcanzo a imaginar el miedo que deben sentir al enfrentarse todos los días a este horrible bicho, y regresar a casa con temor de llevarlo a los que más quieren. Se me parte el corazón cada vez que leo que uno más de ellos, con carreras impecables de entrega y servicio, ha muerto. Me lleno de ira cuando la gente habla del “cartel del covid” y piensa que un médico puede diagnosticar a alguien positivo solo por lucrarse.

Aunque no estoy ahí, he estado todo este tiempo con ellos. A mis amigos más cercanos, todo el tiempo les pido que se cuiden mucho. A los que no conozco y manifiestan de alguna manera sus miedos y frustraciones, busco acompañarlos con empatía.

Hoy entiendo más que nunca lo acertado de mi decisión, y agradezco haber seguido mi intuición. No podría estar ahí. No sería capaz de aguantar esa carga. Algunos me han dicho cosas como “Mira de lo que te salvaste” o “Muy de buenas tu que ya no atiendes pacientes”. Pero no me salvé ni soy de buenas. Elegí un camino diferente, y eso no me hace mejor ni peor que los que están en el frente de batalla. Solo puedo verlos desde acá, orando por ellos a diario, y disponible para intervenir en el momento en que me lo pidan. Y me quedo con esto de la cuarentena, porque decido mirar con empatía y amor misericordia y no desde la soberbia.

4. Siempre hay formas de ayudar.

En las pocas veces que he salido me ha preocupado mucho la cantidad de gente que pide ayuda en la calle, vendiendo bolsas, dulces, o pidiendo trabajo. Y sé que debo hacer conciencia de la imposibilidad de ayudarlos a todos. Sin embargo, he encontrado que hay muchas otras de apoyar desde esta nueva normalidad.

En las redes, compartir un post o comentarlo, puede hacer la diferencia para quien lo escribe. Quizás por tu comentario un amigo tuyo lo vea, se antoje y compre. Así que me propuse dar likes, comentar, compartir y recomendar como parte de mis tareas diarias.

Por otro lado está la ayuda emocional. Hay personas que solo necesitan escuchar o leer un “lo sé”, un “yo te entiendo”, un “yo también”. No necesitamos ser expertos en salud mental para acompañar empáticamente a alguien más, para hacerle saber que no está solo. No importa que no veas a esa persona hace rato, este virus también nos retó a quitarnos la “pena” de conectarnos con las personas.

Y quizás la otra forma de ayudar es permitirnos ser creativos para generar momentos inolvidables en medio de todo lo que estamos pasando. La primera vez que recibí un mensaje de una de las mamás de los compañeros de mis hijas pidiendo que le enviáramos un saludo por whatsapp, entendí que no podemos dejar de vivir la importancia de cada día, aunque no lo podamos hacer igual que antes. Celebraremos los cumpleaños, aniversarios, grados, o simples reuniones de amigos de manera distinta. Pero no hay porqué dejar de celebrar la vida. Y así, haciendo esas pequeñas cosas, también ayudamos a que las demás personas sientan que nuestro cariño está por encima de las circunstancias. Las formas más sencillas se vuelven las más relevantes.

5. La familia siempre es lo más importante.

Nos encontramos de repente viviendo 24/7 en nuestra casa y dándonos cuenta de cosas que quizás no habíamos percibido de nuestro núcleo cercano y de nuestras interacciones. Quizás descubres que tus hijas prefieren ciertas formas de aprendizaje que no habías intentado porque ya había un sistema, o que tu marido es mas multitasking de lo que imaginabas. Te das cuenta que tu paciencia es selectiva, y que no la habías probado en otros ámbitos porque no te había tocado. ¡Y todo esto puede implicar un gran esfuerzo emocional!

Te empiezas a enterar de los problemas que tienen otras familias por la convivencia. Escuchas historias que jamás imaginaste que le podrían ocurrir a esos amigos que creías “perfectos”. Ves cambios en el comportamiento de ciertas personas que los hacen ver como desconocidos. Y entonces empieza la lluvia de excusas. Siempre cada uno luchará por justificarse, por tener la razón.

Y es allí cuando agradeces haber trabajado por tu familia. Haber dedicado tiempo y energía a tener las cosas claras, a crear un plan conjunto, a determinar lo que para cada miembro es importante y darle el valor correspondiente, a crear mecanismos de salvamento para cuando las cosas empiezan a ir por mal camino.

Mi familia es lo más importante de mi vida, y aunque esta cuarentena tuvo grandes desafíos, y un costo energético elevado, se que salimos adelante sin mayores rasguños, fortalecidos en el amor y convencidos de que podemos superar los obstáculos que se presenten.

Hoy más que nunca, estoy convencida de que trabajar por las familias vale totalmente la pena. Las familias unidas, conscientes y felices son el pilar fundamental del cambio que necesita este mundo. Quizás lo que este virus quiso enseñarnos, es como volver a la familia, al centro real, a lo verdaderamente importante.

No se si esto es una entrada de blog o un desahogo, pero sentí la necesidad de compartirlo. Esta soy yo, esto es lo que rescato de este tiempo. Y digo rescato porque no quiero quedarme en la queja, prefiero valorar lo que tal vez no hubiera hecho tan consciente si no lo hubiera escrito en estas líneas. Gracias por leerme.

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